Columnas
25 Marzo, 2009 | Por Eduardo Poggi (*)
Resolución 99/08: ¿El primer paso hacia una administración pública más eficiente?
El autor analiza el impacto que tendrá esta medida que trata sobre la intercambio de datos entre organismos públicos, y advierte que la norma plantea desafíos a la industria y a la academia.

Finalmente, en diciembre de 2008, la Secretaríade Gabinete y Gestión Pública crea formalmente el Componente de Interoperabilidad para el Gobierno Electrónico. Esto puede pasar como un acto administrativo más para muchas personas y bien sabemos que entre la firma de actos formales y su impacto real suele haber un abismo. Pero para los entendidos, este podría ser un primer paso de una larga marcha hacia una administración pública más eficiente en la provisión de servicios a la sociedad. Tododepende qué hagamos con ella.

Esta norma viene a llenar importantes vacíos de larga data en la gestión de información pública y lo hace de una manera alineada a la visión moderna. Establece algunos principios básicos y obvios como que los datos necesarios para la gestión pública son del Estado, aunque sean administrados por distintos organismos según sus competencias específicas. En la práctica, cada organismo implementa los sistemas de información que requiere de manera autista, sin tener en cuenta lo que los demás hacen o necesitan. Llegando así en los aspectos operativos, a que los datos necesarios para la gestión pública son propiedad de los organismos que los administran y no del Estado en su conjunto. Esta práctica es la que obliga a personas y empresas a deambular por diferentes ventanillas de la administración pública solicitando una y otra vez, certificados, habilitaciones y constancias.

Ya se ha hablado mucho sobre los beneficios de la reutilización de datos. Todos estamos convencidos que debemos trabajar para implementarla de forma sistemática, basta mirar lo realizado por el Foro de Responsables Informáticos desde el 2002 o analizar los esfuerzos de muchos gobiernos y las innumerables presentaciones de la industria y de la academia. Sinembargo las miradas son distintas. La industria vende la solución como un commodity y la academia como algo inconmensurable. Seguramente, la realidad no sea ni una ni otra. Por eso, para avanzar en la implementación de algo tan complejo, deberemos avanzar paso a paso para adquirir experiencia.

Para poner orden en este sentido es conveniente pensar en un marco de referencia tipo modelo de madurez para la interoperabilidad. Simidiéramos el nivel actual, nos encontraríamos con suerte en el nivel más bajo y, para llegar algún día al más alto, debemos pasar por todos los intermedios. Adquirir en este estadio inicial los maravillosos enrutadores transaccionales que vende la industria o los modelos ontológicos para descubrimiento automático de la academia, típicos de los niveles de madurez altos, es insensato. Saltar muchos niveles no suele ser un buen negocio. Especialmente cuando tenemos miles de casos de pequeños trámites por delante que requieren la interacción de dos o más organismos y que podemos mejorarlos con herramientas simples y conocidas.

Es preciso desmitificar la interoperabilidad, en el sentido que se pueda avanzar en su práctica utilizando instrumentos de fácil apropiación. Naturalmente, en la medida que se generen y difundan casos de éxito y vayamos incorporando competencias en los funcionarios, iremos subiendo el nivel. Existen varios modelos simples y probados que podemos replicar: el simple intercambio bilateral de un mensaje entre dos organismos, la publicación de certificados digitales o los modelos de concentración homogénea de información distribuida, pueden ser utilizados en muchísimos casos. Para lograrlo se necesita voluntad de implementarlos y de levantar las barreras organizacionales y culturales que hoy lo frenan, no de grandes inversiones.

Los organismos rectores de la gestión de la tecnología también se han auto-establecido un gran desafío con esta disposición. De ellos dependerá un eficiente componente de organización para el establecimiento de estándares y el subsidio a los organismos menos avanzados. Deberá trabajar mucho para mantener cierta prolijidad en las acciones y promover algunas medidas centrales, como la identificación y autenticación única de personas físicas y jurídicas, la adecuación normativa y la formalización de ciertos estándares básicos. El resto se ira construyendo de poco, pero con implementaciones, no con adquisiciones desmedidas ni con discursos.

Veremos si estamos a la altura de las circunstancias, o bien, sólo será una norma más sin consecuencias prácticas.

 

(*) Eduardo Poggi es Licenciado en Ciencias de la Computación por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos. Cuenta con una Maestría en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de San Andrés y un posgrado en Negocios y Tecnología en la misma. Acredita 25 años en la gestión de grandes proyectos de TI orientados principalmente al sector público latinoamericano. Últimamente se ha especializado en Gobierno Electrónico, Interoperabilidad, Marcos de Referencia para la Gestión de TI y cooperación informática entre organizaciones. Actualmente se desempeña como asesor en TI para la Administración Federal de Ingresos Públicos de la Argentina, como profesor de posgrado en la UBA y como especialista invitado en el programa de Gobierno Electrónico de la Universidad de San Andrés.

 

Contacto: eduardopoggi@yahoo.com.ar

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