Columnas
19 Agosto, 2009
La reforma política y las TIC
“La reforma política ha sido más una demanda exógena que una convicción”, sostiene en esta columna Ricardo Piana, docente, investigador y especialista en reforma política y tecnologías de la información y la comunicación.

Por Ricardo Sebastián Piana (*)

Desde la crisis de 2001 del gobierno de Fernando De la Rúa -que desplegó en el imaginario colectivo la idea de que era necesario “que se vayan todos (los políticos)” para encontrar una solución a los problemas cíclicos de calidad democrática e institucional, desarrollo económico y representatividad política- la necesidad de una reforma política ha estado presente en el discurso político.

Desde entonces, los resultados de las reformas, entre ellas, la ley de elecciones internas abiertas y simultáneas (introducida en 2002, suspendida en 2003, derogada en 2006 y puesta nuevamente a consideración luego de las elecciones legislativas de 2009), son una muestra de que la reforma política ha sido más una demanda exógena que una convicción.

Vueltos a debatir la reforma política, aparecen las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en la agenda como un factor esencial para mejorar la comunicación, facilitar la rendición de cuentas y garantizar la transparencia. Nos hemos cansado de leer, escuchar y repetir que las tecnologías son una herramienta; pero ellas vuelven a estar en el primer plano del debate. Insistimos: las TIC son herramientas y por sí mismas no van a cambiar la cultura política. Justificaremos esta afirmación a través de tres ejemplos.

Las TIC mejoran la comunicación. Todas las Cámaras tienen un directorio con sus legisladores y una cuenta de correo electrónico oficial a donde enviar un correo. Si existe la herramienta de contacto, puesta a disposición de cualquier ciudadano, se supone que es para su utilización y no sólo una política de diseño institucional de un webmaster para mostrar un diseño web “amigable”.

Durante el período 2007 y 2008 se realizó una investigación y se envió un correo electrónico a los legisladores de los Congresos de los países miembros del MERCOSUR realizando una pregunta sencilla, que no requería mucho tiempo ni esfuerzo en contestarla: se consultó a cada legislador en qué página Web era posible conseguir la legislación aprobada por ese Parlamento.

El porcentaje de respuesta de la región es muy bajo: 14,82% en 2007 y 14,85% en 2008. Argentina ha mejorado en ese porcentaje; en 2007 era de 14,93% y en 2008 aumentó a un 20,42%. Sin embargo, estamos aún muy lejos de otro país, muy cercano geográfica y culturalmente, pero con una cultura política distinta: en 2008, casi la mitad (48,83%) de los legisladores de Uruguay contestaron el correo electrónico enviado.

Las TIC facilitan la rendición de cuentas. Las páginas Web incluyen también información de los legisladores. Además de su imagen, qué comisiones integran, cuáles proyectos presentaron y su correo electrónico institucional (toda esta información cargada por la administración de la Cámara), admiten la posibilidad de cargar el currículum. En el caso argentino, al mes de julio, en la Cámara de Diputados, sólo 74 de los 256 diputados, es decir, menos del 30 %, poseía su hoja de vida en la Web institucional (casi igual distribución entre hombres y mujeres, aunque, en términos relativos, es mayor la información que cargan las diputadas). En la Cámara Alta la situación es mejor, ya que casi el 80 % de los senadores ha volcado su CV a la información institucional (también aquí una leve mayoría, en términos absolutos, a favor de los hombres, aunque en términos relativos, las senadoras están mejor).

Las TIC garantizan la transparencia. Por último, el voto electrónico. Pero voto electrónico ¿para qué? Las justificaciones están relacionadas con la posibilidad de evitar el fraude electoral; se dice que los partidos chicos no pueden tener fiscales en todas las mesas y que esto facilita el fraude. Un buen ejemplo en la región es Brasil que, con su Tribunal Superior Electoral, ha logrado implantar desde 2002 sus urnas electrónicas, hoy en todo su extenso territorio.

Ahora bien, en Brasil, donde la desconfianza en el proceso electoral era muy alta, la introducción de las urnas electrónicas logró recuperar la confianza en el proceso. En 1999, según el Informe del Latinobarómetro, sólo 16 de cada 100 brasileños creían que las elecciones eran limpias. Hoy, gracias a las urnas electrónicas, la confianza en el proceso electoral ha aumentado: según el mismo informe, en 2006, el 44% creía que las elecciones eran limpias.

El contexto es distinto en Argentina. A diferencia de Brasil, los partidos nacionales son más estables y si bien es cierto que la confianza en la transparencia de las elecciones ha caído, su porcentaje aún es alto y los últimos resultados electorales han demostrado que las sospechas no eran fundadas. En este sentido, introducir un mecanismo nuevo, podría generar dudas allí donde no existían.

En definitiva, las TIC pueden crear nuevos canales de comunicación, habilitar mecanismos participativos propios de la democracia semidirecta y aumentar la velocidad en la difusión de los actos de gobierno a toda la población y a muy bajo costo. Pero los políticos deben quererlo y los ciudadanos deben exigirlo, aún cuando aquéllos no lo quieran.

(*) Abogado – Universidad Nacional de La Plata. Doctor en Ciencia Política – Universidad del Salvador. Es docente en Derecho Político en la Facultad de Cs. Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata y de la Escuela de Cs. Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires y de la materia Sistemática de la Ciencia Política de la Facultad de Cs. Sociales de la Universidad del Salvador. Becario de Investigación Científica de la Universidad Nacional de La Plata. Es miembro del equipo de investigación del Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de La Plata. Profesor visitante en Indiana University – School of Law, EE.UU., en el Institut für Informations, Telekommunikations und Medienrecht, Westfaslische Wilhelms – Universität, Münster, Alemania y la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, España y de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil. Ha investigado, entro otros temas, los aspectos políticos de las normas jurídicas, los procesos de reforma del Estado y el uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

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